“Cuando entré en la perimenopausia, los sofocos de noche se volvieron mi peor enemigo. Me despertaba empapada, con calor, sin poder volver a dormir bien. Fue entonces cuando empecé a usar MENO. Al cabo de unas semanas noté que los sofocos bajaron de intensidad, las noches eran más tranquilas y al levantarme ya no estaba agotada. Ahora duermo, descanso y tengo más energía para mis clases de baile.”